El Congreso, como se diría de manera coloquial, ‘se metió’ con uno de sus jueces. La noche del jueves, la plenaria del Senado no solo declaró indigno al magistrado Gustavo Malo Fernández, es decir, le quitó su dignidad de togado de alta corte, sino que lo dejó en manos de la Corte Suprema de Justicia –de la que hacía parte– para que lo juzgue.

Con el envió de la acusación por supuesta corrupción, el Congreso envió un claro mensaje político y mostró un perfil de independencia pocas veces visto.

El hecho es significativo, pues es la primera vez que el Legislativo se mete con un magistrado de la Corte Suprema, que es su juez. Malo era integrante de la Sala Penal de ese alto tribunal.

Claro que la decisión final en la plenaria del Senado no fue fácil.

A la hora de iniciar la votación, casi la mitad de los senadores se declararon impedidos (la mayoría porque tienen algún proceso en la Corte), pero finalmente solo a 37 se les aceptó el impedimento, es decir que no podrían votar.

Aunque quedaron 69 legisladores habilitados para votar, solo lo hicieron 40. Los restantes 29 simplemente se ausentaron.

Algunos congresistas no escondieron su temor de que se supiera cómo votarían, pues ante una eventual demanda, su caso llegaría a la Corte, donde Malo todavía tiene algunos amigos.

Lo cierto es que ante la decisión del Congreso, ahora el exmagistrado deberá responder ante la Corte por cohecho propio, concierto para delinquir, prevaricato por acción, prevaricato por omisión y utilización de asunto sometido a secreto o reserva.

Malo es señalado de participar en el llamado ‘cartel de la toga’, una organización que supuestamente pedía sobornos a congresistasinvestigados en la Corte Suprema a cambio de favorecerlos en sus procesos.

En medio de ese escándalo, sus compañeros de la Corte lo separaron de sus funciones mientras se resolvía el lío jurídico.

Con el envío de la acusación al alto tribunal, lo que el Legislativo hizo este jueves fue decirle a Malo que era indigno de ocupar una magistratura en una alta corte y que debía ser juzgado penalmente por sus actuaciones, algo que tiene una enorme dimensión política.

Para el profesor Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la universidad del Rosario, la decisión del Congreso es “una muy buena noticia”.

“Quedó claro que el Congreso está muy atento a esos temas y que le metió la ficha, porque no era un asunto fácil de tramitar para ellos debido a que era un magistrado de la Corte”, dijo.

El representante a la Cámara Edward Rodríguez, investigador d el caso Malo, destacó que “por primera vez, el Congreso se mete” con alguien de la Corte Suprema.
“Este fue un caso realmente histórico, y los congresistas rompieron el miedo porque las pruebas eran sólidas”, aseguró.

Para Hernando Herrera, director de la Corporación Excelencia para la Justicia, “se ve que el sistema de investigación de los aforados está siendo efectivo” y eso “beneficia la depuración de la rama”.

En ocasiones anteriores, ese pleito lo ganó la Suprema.

Después de que el Senado aprobó la acusación contra Malo, la Corte Suprema de Justicia será la encargada de juzgarlo.

Este es el segundo magistrado en ser declarado indigno por el Senado y en ser enviado a la Corte Suprema para su juzgamiento. Hace dos años ocurrió con Jorge Pretelt, expresidente de la Corte Constitucional. También acusado por corrupción.

Ahora quienes realizarán el juicio contra Malo no serán sus excompañeros de la Sala Penal, sino los nuevos magistrados que conformaron este año la Sala de Juzgamiento en Primera Instancia, creada por la ley de doble instancia.

Comisión de Acusación
Es innegable que la imagen que hoy tiene la Comisión de Acusación de la Cámara, la encargada de hacer la investigación de los aforados, ha cambiado de manera significativa.

“Dejó de ser la ‘comisión de absolución’ para convertirse realmente en la Comisión de Acusación”, dijo el representante Edward Rodríguez.

Explicó que dentro de esa célula se definió sacar la investigación adelante, para lo que se hizo un trabajo a profundidad y se practicaron un sinnúmero de pruebas.

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