Un juez de control de garantías envió ayer a la cárcel a seis de los ocho capturados por el atentado terrorista contra la Escuela de Policía General Santander, que el 17 de enero de 2019 cobró la vida de 22 subtenientes.

Estas capturas se registraron el 2 de julio, en diferentes zonas del país, por parte de la Policía y la Fiscalía en una segunda fase de la investigación.

La investigación sobre este hecho terrorista, es considerada como una de las más grandes adelantadas en la historia reciente del país, “desde el momento de la activación del carro bomba en la Escuela, 9:46 a.m., se volcaron todas las actividades de Policía Judicial, inteligencia y actos urgentes, en coordinación con la Fiscalía para que no quedará impune“, dijo a este diario uno de los investigadores que estuvo frente al caso.

De hecho, de acuerdo con el documento, los agentes encargados de la investigación realizaron 1.800 actividades de inteligencia, entre ellas, se analizaron  8 millones de llamadas realizadas después de la explosión del carro bomba, lo que permitió trazar, por ejemplo, el recorrido de las motos que acompañaron la camioneta que ingresó a la Escuela con los explosivos.

En esta primera fase se logró identificar a Andrés Felipe Oviedo Espinel, alias Jesús o ‘Barbas’ “quien habría recibido órdenes directas del Coce del Eln para planificar el atentado. Él es uno de los capturados que el juez envió a la cárcel.

“A ´Jesús’ lo identificó uno de nuestros agentes que se infiltró en un campamento del Eln  – hace unos años – y quien recibió entrenamiento por parte de él en inteligencia y contra inteligencia delictiva para no ser ubicados en las ciudades. Ese campamento estaba en Arauca, más al lado de Venezuela”, dijo el investigador.

Esto se suma a que se autorizó la interceptación de 165 líneas – que dieron más de 35.000 audios para analizar. Al igual, se trabajaron  246 horas de video y se cotejaron 813 imágenes. 

“65 evidencias electrónicas con datos de importancia relacionadas con el caso.
10 análisis de evidencias genética (entre ellos a un zapato y una gorra abandonadas al escapar en las motos y los carros) y 298 búsquedas selectivas en bases de datos”, resalta el informe, sumado a entrevistas a fuentes, retratos hablados y demás actividades de inteligencia.

Durante el periodo de investigación, se realizaron 400 actividades de vigilancia y seguimientos (encubiertos), “dormíamos en los carros, vivíamos en los carros, eran turnos de 24 y hasta 48 horas. El objetivo, recopilar la información que nos permitiera relacionarlos con el atentado terrorista”, aseguró el investigador.

A Jessica Barrientos Castilla, otra de las capturadas, la infiltraron a través de uno de los uniformados “que la conquistó y se hicieron novios. Ella administraba la quesería que está ubicada a 200 metros de la Escuela. Y poco a poco fue contando detalles que fortalecieron el acervo probatorio contra el grupo”, aseguró la fuente.

Además, los agentes, durante este proceso, montaron 45 fachadas para vigilar a los hoy capturados, “pasaban como vendedores, mecánicos, trabajadoras sexuales, técnicos de comunicaciones, vendedores de postres, cantantes, lo que fuera”, dijo la fuente.

“Teníamos a un compañero infiltrado como habitante de calle. Él estaba encargado de vigilar a uno de los cerebros del atentado. Llevaba más de una semana en la calle, y una mañana, llegó un grupo de vigilancia (Policía),  se lo llevaron. No pudimos hacer nada, y él no se podía identificar“, relató el investigador.

Con base en esta labor de inteligencia – Policía y Fiscalía – presentaron las pruebas que permitieron que los señalados del atentado fueran enviados a la cárcel.

De El Tiempo.Com

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